Baños públicos y las infecciones en 2022

En los baños públicos, no lavarse las manos y tirar de la cadena sin bajar la tapa, son los mayores riesgos para contraer una infección

A la hora de usar los baños públicos, quién no se ha sentido (en especial las mujeres) tremendamente aprensivo a la hora de utilizar el inodoro.

En cualquier establecimiento público, ya sea centro comercial, restaurante, cine o teatro, ponemos especial cuidado de que nada entre en contacto con nuestra piel, imaginando que legiones de gérmenes pueden atacarnos.

Más, ¿cuáles son verdaderamente las posibilidades de contraer cualquier enfermedad al entrar en contacto con un baño público?

Sabemos que en la mayoría de los locales públicos, sobre todo en grandes superficies y centros comerciales, se realiza la limpieza y desinfección de los aseos varias veces al día.

Pero, no podemos dejar de pensar que esos mismos inodoros han sido utilizados por gran cantidad de personas.

Es comprensible que multitud de ideas aprensivas respecto a  la posibilidad de contagiarnos de algo, nos ronden por la cabeza.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la falta de limpieza e higiene como uno de los principales factores de riesgo para la adquisición de enfermedades infecciosas.

“La superficie de un baño sucio puede llegar a convertirse en un lugar idóneo donde los microorganismos encuentren las condiciones necesarias de humedad y temperatura para poder crecer y desarrollarse”

Aseos de un colegio

Principales microorganismos que podemos encontrarnos en los baños públicos

estafilococos, corynebacterias, estreptococos… son los microorganismos más comunes que solemos encontrar en este hábitat, siendo además, unos verdaderos supervivientes muy resistentes.

Se han realizado curiosos estudios en cuatro baños públicos de distintas universidades norteamericanas, dos de mujeres y dos de hombres, dos abiertos a todo el público y dos de uso exclusivo de profesores.

Primero, tomaron muestras de los asientos de los inodoros, del suelo frente a ellos  y también de los dispensadores de jabón.

Limpiaron todo concienzudamente con lejía antes de comenzar y luego tomaron muestras durante ocho semanas.

El resultado fue tajante:

Si hay algo muy cabezota son las bacterias.

Transcurrida solamente una hora después de la desinfección, los microbios habían regresado al baño y había 6.200 bacterias por centímetro cuadrado.

Cerca del 45% eran de origen fecal y otro 45% asociadas a la piel, no solamente en las superficies de los inodoros, también en la misma medida en los dispensadores de jabón.

Daba igual que los aseos fueran limpiados y desinfectados en varias ocasiones.

Al cabo de entre cinco y ocho horas posteriores, el estado de los baños volvía al punto de partida, y no había diferencias entre los aseos abiertos y cerrados, ni entre los de mujeres y hombres.

Imaginemos un spray en aerosol rociando todas las superficies adyacentes al water.

Los científicos averiguaron que una de las claves de la dispersión bacteriana era la descarga del agua de la cisterna sin cerrar la tapa, esparcia a diestro y siniestro cantidad de bacterias fecales!!

Bacteria escherichia coli

¿ Es mejor no sentarse en el retrete? o ¿hacerlo protegiéndonos con papel en la taza?

“La mejor manera de ser precavido es siempre evitar sentarse en la taza», aseguran los expertos.

 Hay quien dentro de sus recomendaciones, emplea el uso de plásticos sobre la superficie de la taza o la seca con papel.

Recordemos que limpieza no equivale a desinfección.

El hecho de limpiar la taza del inodoro evita mojarse pero no elimina los posibles microorganismos que estén ahí mismo localizados.

Por otro lado, no es frecuente la existencia de plásticos protectores en los aseos públicos.

La precaución, sin que produzca un estado de alarma, es necesaria por la falta de higiene real que se da en estos sitios, así que la respuesta es sí, es necesario tener precaución en su uso y evitar apoyarse”.

No obstante, sin llegar al estado de total psicosis repulsiva, las probabilidades de adquirir una infección por usar un aseo público, incluso si está totalmente contaminado por microorganismos patógenos, son bastante pocas.

“Una persona sana que entre en un aseo público que esté mantenido en las condiciones de higiene que suelen darse en nuestras pudientes y reglamentadas sociedades desarrolladas, tiene una probabilidad bajísima de sufrir una infección

Deben de concurrir varias circunstancias para contraer una enfermedad.

Por ejemplo: que la piel de la persona que está usando ese inodoro tenga una herida y que el virus  en cuestión acceda a través de ella.

«Y no es imposible, pero tampoco lo más habitual».

baños portátiles

¿Y si está hecho un asco?

Si nos ponemos en el peor de los extremos, al utilizar un baño público que esté completamente desaseado, habiendo sido utilizado anteriormente por una persona con una grave enfermedad del aparato excretor.

Y si para colmo no practicamos las mínimas condiciones higiénicas al terminar de utilizarlo, esas probabilidades aumentan sensiblemente.

 Una gran mayoría de las infecciones intestinales se transmiten por vía digestiva.

Con los alimentos contaminados o con la suciedad de nuestras manos si han entrado en contacto con las heces de un enfermo, o incluso si se ha compartido la misma toalla”

¿Cuál es la clave?

En vez de centrar nuestra atención exclusivamente en la taza del váter de los baños públicos, lo que ha de preocuparnos es que no se nos olvide lavar nuestras manos después de usarlo.

Porque existen numerosas superficies colindantes (grifos, encimeras, mobiliario…) que resultan verdaderos paraísos para la multiplicación de los gérmenes.

Se ha descubierto en Estudios de la Universidad de Arizona, que el asiento de un inodoro dentro de la media contiene unas 50 bacterias fecales por cada 6,45 cm cuadrados (una pulgada cuadrada).

Lo que la convierte en una de las superficies más limpias del hogar.

En comparación con otras superficies:

  1. El asiento del retrete contiene unas 50 bacterias fecales por pulgada cuadrada.
  2. El teléfono móvil, con 10 veces más bacterias fecales.
  3. La tabla de cortar de la cocina, con 200 veces más.
  4. El escritorio de la oficina, con 400 veces más.
  5. O el campeón de los microbios, el trapo de secar, con 20.000 veces más. Especialmente de la bacteria E. coli, que por sí sola no causa graves enfermedades pero es un indicador de que hay restos de heces.

Trapos de secar

El 21% de los trapos de cocina visiblemente limpios contienen altos niveles de contaminación, así como en el interior de las neveras.

Más del 40% de las casas tienen altos niveles de bacterias y moho, mientras que el 36% de las toallas de cocina presentan niveles inaceptables.

cocina moderna

“Una de las partes de una casa que menos gérmenes contiene es el aseo, y concretamente el inodoro. Se debe a dos razones.

Una, que se tiende a limpiar de forma más meticulosa; y otra, que las bacterias encuentran poco de lo que alimentarse en él.

Esponja de fregar los platos

Por el contrario, uno de los lugares con mayor contaminación es la cocina, y dentro de ella la esponja con la que se friegan los platos.

Las bacterias que la habitan acostumbran asimismo a ser inocuas.

Lo peor que suelen hacer es pudrir la comida fresca con la que puedan entrar en contacto, pero proliferan porque la cantidad de alimento que encuentran es allí mayor.

Normalmente, la limpieza de los utensilios de cocina si se realiza de forma correcta, con detergentes adecuados, elimina a la mayoría de las bacterias.

Secar los utensilios al aire tras su limpieza es también una precaución importante, ya que elimina los pequeños depósitos de agua donde podrían crecer.

Tanto en el aseo como en la cocina, es preferible utilizar detergentes en dispensadores mejor que pastillas de jabón en las que las bacterias pueden multiplicarse a placer”

Pero no se trata solo de “no tocar nada” al entrar en los baños públicos.

Aunque esté todo limpio, otro estudio publica que la dispersión de bacterias en el aire es 27 veces mayor alrededor de un secador de manos que con las tradicionales toallas de papel.

Y peor aún si el secador es uno de esos nuevos de introducir las manos entre chorros de gran potencia.

La misma explicación al descargar la cisterna sin bajar la tapa

las bacterias (fecales y de todo tipo) salen disparadas a modo de aerosol contaminado que puede respirarse o tragarse.

“En estos casos hay que entender que lo más probable es que en su mayoría nos traguemos los mismos microbios que nosotros acabamos de depositar, lo que solo será un peligro si padecemos una infección”.

Los aerosoles producidos en estos casos pueden contener el germen que provoca infecciones respiratorias que en las personas sanas suelen resolverse sin graves consecuencias.

«Pero no es así en quienes están debilitados por otras enfermedades, en cuyo caso pueden causar mayores problemas”.

Tras este completo artículo sobre la desinfección en aseos públicos y el impacto que pueden tener sobre nuestra salud, esperamos que no te sientas paranóico a la hora de tener que utilizar uno de ellos.

Gracias a las nuevas técnicas de limpieza y desinfección que existen hoy en día, la mayor parte de los establecimientos públicos en la actualidad, tienen implantado un excelente plan de control en sus aseos al público.

Utilizan sistemas de desinfección tales como bacteriostáticos que emiten una descarga de bactericida cada equis tiempo, que se nebuliza por todos los rincones de los aseos y encima ¡huelen muy bien!

Puedes saber´algo más acerca de la desinfección siguiendo este enlace de la wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Desinfecci%C3%B3n